Dejar de fumar sin engordar

Muchos fumadores justifican su adicción al tabaco porque así controlan su peso. Y es cierto que, en muchas ocasiones, las personas que dejan de fumar suelen coger entre 2 y 4 kilogramos. Sin embargo, este aumento de kilos no es tan peligroso como seguir fumando. Consumir 20 cigarrillos al día somete a nuestro corazón al mismo estrés que padecería si pesásemos 40 kilos más.

¿Es posible dejar de fumar sin engordar?

El metabolismo tiene mucho que ver con el aumento de peso de los ex fumadores. La nicotina lo acelera y por lo tanto se produce un aumento de la quema de calorías, aunque resulta perjudicial para el resto del organismo. Cuando se abandona el tabaco, el metabolismo tiende a funcionar de una forma saludable, aunque este proceso puede tardar en producirse hasta unos meses. De hecho, estudios científicos han demostrado que las personas que dejan de fumar tienen el peso que siempre hubieran tenido si no hubieran fumado.

La recuperación de los sentidos del gusto y el olfato también contribuyen a que las personas que han dejado de fumar ingieran alimentos que antes no tomaban. Esto ocurre especialmente con los dulces. Estudios realizados y los testimonios de ex fumadores confirman que la ausencia de nicotina provoca en el organismo una necesidad de azúcar, con el consiguiente aumento de calorías.

Aquellos fumadores que utilizaban el tabaco para combatir el aburrimiento o el estrés también recurren a la comida para satisfacer esta necesidad. Puedes comer, pero no alimentos con altos contenidos en azúcares y grasas. Incorpora a tu dieta frutas y verduras porque tienen un alto contenido en fibra y te saciarán antes. Además combatirás otro de los efectos secundarios habituales a la hora de dejar de fumar, el estreñimiento.

Si tienes necesidad de picar entre horas, precisamente en los momentos en los que antes fumabas, come fruta, y recurre a los aperitivos naturales como zanahorias, apio, pepino o berenjenas aliñadas. Aportan fibra, vitaminas y son bajos en calorías.

Bebe mucha agua, un mínimo de 2,5 a 3 litros al día y zumos de fruta naturales. Evita, en la medida de lo posible, el consumo de café, té, bebidas gaseosas y alcohol, porque seguro que el consumo de algunas de estas bebidas lo asocias al tabaco.

Identifica los momentos en los que antes encendías un cigarrillo e intenta sustituirlos por otra actividad. Si justo después de comer encendías un cigarrillo, aprovecha ahora para beber agua, tomar una fruta, cepíllate los dientes o recurre a una acción más drástica, levántate de la mesa.

Pero si a pesar de todas estas recomendaciones observas que has ganado peso, tu mejor aliado para reducirlo es el ejercicio físico, y te explicamos por qué:

  • Quema calorías. Caminar, correr o nadar puede quemar entre 200 y 600 calorías, y en las 24 horas siguientes a haber realizado ejercicio acelera el metabolismo y las calorías se queman a mayor ritmo.
  • Reduce el apetito porque la grasa se disuelve y pasa a la sangre.
  • Elimina el impulso de fumar. Cuando fumas, el tabaco reduce la cantidad de oxígeno que llega a tu corazón y a tus músculos y te provoca calambres y dificultad para respirar.
  • Liberas endorfinas y eliminas tensiones y estrés.

Si nunca has practicado ningún deporte, incorpora el ejercicio de forma gradual y con actividades que te permitirán recuperar fuerza y tono muscular. No realices sobreesfuerzos porque puedes provocarte lesiones.

La Terapia Sustitutiva con Nicotina (TSN) también te ayuda a disminuir la ansiedad.