Cigarro electrónico

En el año 2004 una compañía china comenzó a fabricar un cigarrillo de suministro recargable, con una batería y un microchip, que permitía la inhalación de nicotina a través de un vapor, como si se tratase del humo de un cigarrillo, pero sin necesidad de quemar tabaco.

Origen

El cigarrillo electrónico o e-cigar se ha convertido en uno de los productos estrella elegidos por las personas que deciden dejar de fumar. El hecho de seguir manteniendo el hábito de tener un cigarro en la mano, aunque se trate de un dispositivo electrónico, y de repetir el ritual de fumar ayuda a reducir la ansiedad. Sin embargo, los expertos no tienen aún constancia científica sobre su eficacia, como así lo afirma la propia Organización Mundial de la Salud, que no tiene conocimiento de ningún estudio, que demuestre que el cigarrillo electrónico sea un tratamiento sustitutivo con nicotina seguro y eficaz. Además, la OMS recomienda que la comercialización de cigarrillos electrónicos sea regulada como cualquier otro producto que contiene nicotina, como el tabaco.

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos con forma de cigarro, puro o pipa, compuestos por una batería recargable, un atomizador y un depósito o cartucho que contiene el líquido que se vaporiza. Dependiendo de las distintas marcas comerciales, el compuesto es una mezcla de nicotina y propilenglicol, un alcohol utilizado como aditivo en alimentos y en algunos fármacos; y otros compuestos químicos saborizantes.

Marco legal

En Europa, existe un vacío legal en cuanto a la comercialización de los cigarrillos electrónicos. La Unión Europea aún no ha aprobado una Directiva reguladora sobre este tipo de productos. Esta circunstancia ha provocado que existan países donde el cigarrillo electrónico está prohibido (Bélgica, Hungría y Grecia); otros los regulen como productos medicinales (Austria y Francia); y en otros se venden sin problemas (Alemania y Reino Unido). En España se permite su venta, a pesar del vacío legal existente, puesto que su uso no está contemplado en la Ley 42/2010 que prohíbe el consumo de tabaco en espacios públicos.

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), ha publicado un estudio en el que firma que los profesionales sanitarios no lo recomiendan ni lo aprueban, ante la falta de pruebas y evidencia científica que los cigarrillos electrónicos son seguros a largo plazo; y porque su consumo produce efectos potencialmente cancerígenos.

Los neumólogos consideran que los usuarios del cigarrillo electrónico pueden realizar un promedio de 120 a 150 inhalaciones diarias, y los cambios que pueden provocar en los pulmones son muy parecidos a los causados por los cigarrillos normales.

La revista American Journal of Preventive Medicine  ha constatado un incremento del consumo de cigarrillos electrónicos entre jóvenes, en países como Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos. De hecho, en Australia y Canadá han prohibido su venta. La venta de cartuchos recargables de diferentes sabores y la falsa sensación de que es vapor y no humo lo que se inhala ha convertido el cigarrillo electrónico en un producto de moda entre los más jóvenes, pudiendo contribuir a crear adicciones a la nicotina entre este grupo de población.